viernes, marzo 12, 2010

MEDITACIÓN,...

La respiración lenta, profunda. Mantenía el ritmo. Los ojos entornados miraban sin ver el charco que simulaba un lago. Sobre la superficie del agua una tenue estela, esbozada por la tortuga, bordeaba el nenúfar solitario.
La respiración lenta, profunda. Ya no contaba los ciclos. Las percepciones de las realidades sutiles iban llenando los huecos que dejaba libres el presente. El cuerpo se desvanecía entre su fuerza, intercambiando su energía en un nivel más profundo. La savia fluía, bombeada por el corazón, al ritmo del movimiento marcado por la brisa. Respiraban la energía de uno a otro.
Permitía a la energía fluir tronco abajo, hasta alcanzar sus raíces. Se introducía en la tierra dejando que purificara con su propia energía que absorbía por la planta de los pies y proyectaba hacia el exterior.
Comenzó a inspirar y retener de forma parcial; haciendo circular, compartiendo cada vez con menor intensidad su campo de energía sutil. Poco a poco regresó a si mismo. Dirigió su atención hacia sus manos, sus dedos. Y con un movimiento suave, en un gesto de amor besó el tronco.
El arbol tembló.