31 de diciembre, últimas horas de 2010. Ha pasado mucho tiempo, quizás demasiado. Los días transcurrieron dejándose caer, como muchas hojas de calendario. Apacibles unos, meciéndose suavemente con la brisa. Otros, golpeando duro, bronco, igual que los granos de arena con el vendaval. Siempre lo mismo.
A igual manera, nuestras experiencias ocurren y transcurren en el tiempo. Son suaves, sutiles, cálidas, tiernas, arropadoras como brazos de madre, sensuales como abrazos de amada,... O son bruscas, desequilibrantes, asfixiantes, dolorosas, agotadoras,... Como ejércitos que empujan, embisten, laceran y asolan...
A igual manera, nuestras experiencias ocurren y transcurren en el tiempo. Son suaves, sutiles, cálidas, tiernas, arropadoras como brazos de madre, sensuales como abrazos de amada,... O son bruscas, desequilibrantes, asfixiantes, dolorosas, agotadoras,... Como ejércitos que empujan, embisten, laceran y asolan...
Aún así no son dos. Son una. Múltiple como imagen en juego de espejos, una no existe sin la otra.
Ha pasado mucho tiempo, quizás demasiado. El camino por el que andamos, pone obstáculos difícil de pasar, pero pasamos. Aprendemos a aprender de nuestros errores y aprendemos a escuchar al viento. Si nos sentimos grandes, cualquier fuerza nos puede tirar. Si damos amor, recibimos más y este nos hará más fuerte.
Ha pasado mucho tiempo, quizás demasiado. Tiempo en que profundizamos en el significado del conocimiento que se transmite.

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